AREV ha recibido con profunda inquietud la propuesta presupuestaria 2027–2034 presentada por la presidenta de la Comisión Europea. Este proyecto representa un cambio importante que debilita la Política Agrícola Común (PAC), pone en duda sus fundamentos y agrava la fractura entre la UE y sus zonas rurales.
Elecciones presupuestarias y políticas con consecuencias graves
Los hechos son claros:
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Reducción de casi el 21 % del presupuesto asignado a la PAC;
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Integración de la PAC en un Fondo Único, diluyendo su especificidad y autonomía;
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Renacionalización progresiva mediante un enfoque fragmentado “a la carta” que amenaza la coherencia europea.
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En un momento en que el mundo agrícola exige claridad, estabilidad y reconocimiento, esta propuesta parece priorizar una lógica apresurada en lugar de una visión pragmática y unificadora.
Franck LEROY, presidente de AREV, declara:
“Este texto supone un duro golpe para la agricultura y la viticultura europeas. Borra sesenta años de ambición común en favor de una disolución progresiva de la PAC. La agricultura no puede convertirse en una variable de ajuste en un presupuesto globalizado. ¿Dónde ha quedado la ambición europea por la soberanía alimentaria?”
Mientras que serían necesarios 482.000 millones de euros para mantener el nivel de la PAC de 2020, la Comisión propone solo 302.000 millones. Este recorte drástico envía una señal alarmante sobre la prioridad de la agricultura en la agenda europea.
Una política debilitada y desequilibrada
El marco de evaluación propuesto se basa exclusivamente en 32 indicadores sociales y medioambientales, ignorando los pilares económicos y estratégicos de la PAC, especialmente en materia de soberanía alimentaria.
La introducción del principio “Do No Harm” y de una doble condicionalidad (27 sistemas nacionales + prioridades climáticas transversales) genera una complejidad que amenaza la coherencia y equidad del sistema.
Una renacionalización de facto
La eliminación de un marco agrícola común sólido abre la puerta a políticas nacionales dispares, en detrimento de la cohesión europea.
AREV expresa su profunda preocupación ante esta orientación y llama a los Estados miembros y al Parlamento Europeo a rechazar este desvío.
Puntos críticos principales:
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La prioridad anunciada para “quienes más lo necesitan” podría excluir de hecho a numerosos productores activos;
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Se mantiene el apoyo acoplado, pero la falta de claridad normativa podría generar distorsiones de competencia;
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Es necesaria una política de gestión de riesgos, pero se deben definir urgentemente las modalidades del fondo de crisis (6.300 M€);
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La digitalización de la agricultura es citada como prioridad sin respaldo presupuestario concreto;
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La posible inclusión del vino o el tabaco entre los “sectores nocivos” es inaceptable y científicamente infundada;
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Por último, la desaparición prevista de la DG AGRI representa una señal muy negativa en cuanto al reconocimiento de las especificidades de la agricultura europea.
AREV pide una reescritura completa del proyecto.
“Todavía estamos a tiempo de construir una PAC ambiciosa, solidaria, justa y plenamente europea – al servicio de los agricultores, de los ciudadanos y de la soberanía alimentaria de la Unión”, concluye Franck Leroy.