Ante la posibilidad de que Estados Unidos aumente sustancialmente los aranceles sobre los vinos y espirituosos europeos –hasta un 30 % a partir del 1 de agosto de 2025–, el presidente de la AREV, Franck Leroy, expresa su profunda preocupación ante esa perspectiva. Una medida de este tipo tendría consecuencias económicas desastrosas para todo el sector vitivinícola europeo, ya debilitado por el aumento de los costes de producción, los efectos del cambio climático y la creciente inestabilidad de los mercados internacionales.
«Un aumento del 30 % en los aranceles significaría entre 2.000 y 2.300 millones de euros en vinos que dejarían de exportarse a Estados Unidos. Las consecuencias serían dramáticas para toda la cadena de valor», advierte el presidente de la AREV.
El desconcierto también es palpable dentro del propio sector estadounidense de distribución de vinos y licores. En una carta enviada al presidente Trump el 11 de julio, el presidente de la U.S. Trade and Wine Alliance (USTWA) recordaba:
«Los vinos de la Unión Europea son importados, distribuidos y servidos por empresas estadounidenses, que mantienen una red de distribución sólida y confiable en todo el país. Por cada dólar pagado a un productor europeo, el sector estadounidense de la distribución y la hostelería gana 4,50 dólares. El vino representa hasta el 60 % del margen bruto de los restaurantes.»
Cabe recordar que en 2019, la aplicación de aranceles del 25 % provocó la pérdida de 93.000 empleos en Estados Unidos (USTWA).
En este contexto, el presidente de la AREV hace un llamamiento a la prudencia, la claridad y el sentido de la responsabilidad por parte de la Comisión Europea. Está en juego el interés vital del sector del vino y de los espirituosos a ambos lados del Atlántico.
Pese a la inminencia del 1 de agosto y siendo conscientes de la complejidad de las negociaciones comerciales, la AREV insiste en la necesidad de alcanzar un acuerdo negociado, la única vía capaz de proporcionar la visibilidad imprescindible para los operadores. La incertidumbre prolongada obliga a los actores del sector a tomar decisiones a corto plazo, en un ámbito que, por naturaleza, se basa en la planificación a largo plazo.
«La precipitación y la volatilidad de las normas comerciales son enemigas directas de un sector basado en la previsión, la inversión y la estabilidad», concluye Franck Leroy.