Mientras la viticultura francesa, especialmente en el sur del país, atraviesa un periodo difícil, resurge un rumor persistente: la Unión Europea habría destinado cada año 15 millones de euros a los viñedos sudafricanos, en detrimento de los productores europeos.
Los hechos cuentan una historia muy diferente. Esta cantidad no corresponde ni a un cheque anual ni a una decisión reciente. Se inscribe en el marco de un acuerdo comercial histórico celebrado entre 1998 y 2002 entre la Unión Europea y Sudáfrica, tras largas negociaciones. Este acuerdo ha reportado beneficios reales a los productores europeos: reconocimiento y protección de las indicaciones geográficas (Champagne, Oporto, Cognac…), apertura del mercado sudafricano a los vinos y bebidas espirituosas europeos. Los resultados son evidentes: en 2024, Sudáfrica se ha convertido en uno de los principales importadores de coñac después de Estados Unidos y China (3,1 millones de botellas) y en el primer mercado africano para el champán. A cambio, el acuerdo preveía un acceso contingentado de los vinos sudafricanos al mercado europeo, así como una ayuda puntual de 15 millones de euros destinada a acompañar la reestructuración de un sector vitivinícola aún marcado por los desequilibrios heredados del apartheid. Este pago único se efectuó en 2024.
A modo de comparación, esta ayuda representa el 0,01 % del presupuesto anual de la Política Agrícola Común (PAC) dedicado a la viticultura europea, que asciende a aproximadamente 1100 millones de euros.
En un contexto ya fragilizado por la presión de los mercados y los efectos del cambio climático, Franck Leroy, presidente de la AREV, pide que se vuelvan a situar los hechos en el centro del debate: «Europa no da la espalda a sus viticultores. Al contrario, actúa para estabilizar los mercados y abrir nuevas salidas. La AREV se compromete plenamente con ello. Las polémicas estériles no sirven ni a los productores ni al debate».
Consciente de la gravedad de la situación, el presidente de la AREV hace un llamamiento a la responsabilidad colectiva y a mantener un debate a la altura de los retos a los que se enfrenta la viticultura europea.